Rehenes del Pasado, Héroes del Futuro — Matot-Masei 5778

Por: Jaim Yehudá Ben-AvrahamJaim Éder

En las lecturas de Matot y Masei hay múltiples temáticas tratadas; dos de ellas son las promesas (Matot) y la travesía del desierto (Masei). Mi propuesta en el presente artículo es combinar los dos aspectos: la idea de desierto (que atravesar) y la idea de promesa o juramento (Néder), basado en la idea del compromiso.

EL DESIERTO, LA ÚLTIMA FRONTERA

Se puede decir que el desierto siempre ha sido “la última frontera”. El desierto establece el límite entre la civilización, la vida humana regulada y ordenada, en definitiva lo que permite el progreso humano, y el vacío existencial. Pero, más en concreto, en el desierto, se produce una situación de impasse, una especie de transición, que eventualmente debe dar lugar a la resolución de los entuertos vitales en que se encuentra cada individuo o el colectivo en cuestión a lo largo de su discurrir por la vida, de sus múltiples recorridos vitales.

El desierto, también, desde la Revelación del Sinaí, tiene fuertes connotaciones espirituales. Allí se dirime el futuro de no pocos colectivos que ahora mismo navegan en la duda y la incertidumbre, no sabiendo exactamente hacia dónde orientarse, o incluso ignorando el hecho mismo de que se encuentran en una encrucijada vital. Entre los diferentes grupos que se encuentran en el cruce espiritual, principalmente se cuentan:

– Las personas gentiles que buscan la Trascendencia.

– Los individuos que tienen el alma judía y no lo saben.

– Los judíos alejados de la vida judía.

– Los judíos observantes que se sienten alienados de su estilo de vida.

EL VÍNCULO DEL COMPROMISO, LA SOLUCIÓN

Para todos ellos, lo que se impone es que llegará un momento en que deberán tomar decisiones, una tras otra, y todas ellas en la dirección del compromiso. Primeramente, compromiso con ellas mismas, para superar la situación de provisionalidad e inseguridad existencial en la que se encuentran. La promesa principal será salir de la vida banal y la implicación con lo trascendental. Y la implicación con lo trascendental nos lleva necesariamente a buscar la relación con el Creador; esta relación será nuestro verdadero tesoro, una relación que tendrá que llegar a ser un vínculo de confianza, dado que la confianza, que implica amor, es lo que más gratifica:

“Y en cuanto a mí, en Tu Bondad confío; mi corazón se regocijará en Tu Salvación. Cantaré al Eterno, que me ha tratado obsequiosamente.” (Tehilim 13:6)

Y cuanto más fuerte es el compromiso, más fuerte es el vínculo. Y el vínculo más fuerte lo establece el judío; como individuo y como miembro del Pueblo de Israel.

Ser judío no es fácil. Alguien puede decir que la vida del gentil –el no-judío– tampoco es fácil –y es cierto–, pero si identificamos uno de los hechos diferenciales judíos, es que los judíos tenemos “el foco” sobre nosotros. Y aquí radica el punto clave: cómo interpretamos cada uno de nosotros, los judíos, este “foco”? La manera incorrecta es verlo como una presión social, que se convierte en presión política o mediática en el caso de los judíos prominentes, con la que hay que medirse para salir indemne o, incluso, con la propia imagen reforzada en frente del público y de las naciones.

LA FALTA DE COMPROMISO LLEVA AL ABANDONO DE LA LEY DIVINA Y AL DESBARAJUSTE

Cuando seguimos esta visión incorrecta y tediosa del “foco”, tarde o temprano nos cansaremos de seguir el mandato divino del cumplimiento de los Preceptos Divinos (Mandamientos) que dentro de este paradigma serán vistos o bien como un “precio a pagar” por el hecho de ser judío –o gentil, en el caso de los 7 Mandamientos de los Hijos de Noé, preceptivos para no judíos–, o bien directamente como una carga de la que deshacernos. Porque, al final, si los vemos como una carga, nos desharemos de ellos. Las etapas de degeneración moral y social dada esta “desconexión” son las siguientes:

1.- Primero, no los negamos, pero nos desentendemos de los aspectos fundacionales y teoréticos de la Ley Divina, que tienen una implicación sobre todo ideológica y filosófica, pero que algunos de ellos no afectan directamente al nivel práctico del día a día.

2.- Después, se desnuda gradualmente el nivel práctico (y también la ley “civil”) de todo contenido que evoque cualquier aspecto de la Ley Divina, y se adopta, al nivel práctico, una ley empapada de la ideología de la sustitución -ya sea una filosofía o una religión “alternativas”.

3.- Más adelante, en parte por ignorancia filosófica, en parte debido a los nuevos hábitos adquiridos, se abandona completamente la Ley Divina original, y se abrazan voluntariamente los aspectos teoréticos de la ideología de la sustitución.

Este proceso se produjo a lo largo de la Historia, y en parte se produce, tanto en la Tierra de Canaán (actual territorio del estado de Israel), como los territorios del Exilio que tienen y/o han tenido población judía. Y la situación para los no judíos que han de abrazar la Ley de Noé en todo el mundo es tanto o más dramática.

Y EL CORRUPTO, TOZUDO, SIGUE LA LEY DEL EMBUDO

Y a partir de aquí, el pronóstico de los profetas se desplegará en la realidad de los hechos: en las tierras donde se rechaza la Ley de la Torá, dado que la ley humana nunca puede ser realmente objetiva, se desovilla todo tipo de arbitrariedad legal, una verdadera “ley del embudo”. En último término, no se legisla desde posiciones “fundamentales”, sino ‘ad hoc’, es decir, con los objetivos ulteriores de:

“Blanquear” y legitimar la propia postura del régimen a través de la ley.

Beneficiar a alguien (dirigentes y amigos de régimen) a través de la ley.

Desterrar la misma ley (!) cuando va en detrimento de la conveniencia de los partidarios del régimen.

Someter los “rebeldes” al régimen a través de la ley, aunque, de hecho, no incumplan la ley.

El resultado moral sobre la población de esta arbitrariedad legal nos lo hace notar el profeta en estos términos: “confusión” y “vacuidad” (Isaías 34:11). Por “confusión” debemos entender un estado distracción y desorientación volitiva y moral de la población, que pierde el norte en cuanto a fundamentos tales como la definición de su misión vital y aun de su propia identidad. Por “vacuidad” debemos entender la consecuencia de esto último: el gasto de las energías vitales en actividades que no llevan a la consecución de ningún logro relevante para el individuo ni para el pueblo, que queda estancado en el cortoplacismo de la supervivencia inmediata.

El resultado final de este desorden es una descomposición nihilista de la sociedad, como señalo en la cuarta etapa del proceso que describo en el artículo de la semana pasada “Cuando Llega la Hora de la Verdad – Pinjás 5778“.

La única resolución positiva, pues, es que, cada uno a su nivel (como judío o como gentil), vuelva a abrazar la Ley Objetiva, que es la Ley Divina, extraída de la Torá por los Sabios y Profetas. Ahora veremos qué frutos resultan.

EL COMPROMISO CON LA LEY HACE QUE LA PROVIDENCIA DIVINA NOS ARROPE

Abrazar la Ley Divina y su cumplimiento es la manera más excelsa de adentrarse en una vida de compromiso con uno mismo, la propia familia, la propia nación, y el mundo. La manera correcta, como nos enseña, por ejemplo, salmos 13, de ver este “foco” que notamos sobre nosotros cuando nos comprometemos, es interpretar la presión social como un efecto de la Providencia Divina, que a través de las otras personas nos da “toques de atención” para que, cuando es necesario, enderezamos nuestro camino, siempre de acuerdo al Mandato Divino plasmado en la Torá.

De este modo, lo que se derivará de nuestro compromiso con el Eterno como judíos (o gentiles) no será la sensación, de la que nos gustaría desembarazarnos, de que la sociedad nos “sopla en la nuca” inquisitivamente, sino la agradable sensación que el Eterno nos arropa en el camino vital a través de Sus sutiles (o no tanto sutiles) y siempre exquisitos mensajes, y nos ayuda a enderezarlo cuando es necesario, para que tengamos éxito ante el compromiso que hemos adquirido con Él, y en definitiva, con el pueblo y universal.

La consecuencia principal que se derivará de nuestro cumplimiento legal (y en definitiva moral) de la Ley de la Torá, en la medida que se nos vayan añadiendo personas y pueblos, es la corrección legal, que conllevará la coherencia de la “ley civil” con la moralidad, y de ahí se derivará la Ley de la Libertad, una Ley adecuada para los económicamente fuertes y protectora para el débil y el desvalido. El resultado será una síntesis legal, ya muy avanzada en las discusiones del Talmud, donde el utilitarismo económico pasa a un segundo plano por detrás del factor principal: que vivamos en una sociedad moral.

En definitiva, siguiendo la Ley Divina estaremos acompañados de la Providencia, y así pasaremos de la aséptica “Sociedad del Conocimiento” en la verdaderamente humana “Sociedad de la Conciencia”, superando la vida de banalidad en que está ahora el mundo volcado, y nos sumergiremos en el Camino de la vida, una apasionada vida de trascendencia, justicia y paz, que nos permitirá, desde esta conciencia, superar los desiertos que nos han hecho rehenes durante tanto tiempo, que pronto sea así, ken yehí Ratzón [כן’ה’ רצון].

“Diles, pues, de parte Mía:” Yo, el Señor D’ios, afirmo, tan cierto como vivo, que no deseo la muerte del malvado. Lo que Yo quiero es que abandone su mal camino y que viva. Corríjanse, dejen de seguir los malos caminos! ¿Por qué han de querer morir, pueblo de Israel?” (Ezequiel 33:11).

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